Nunca
fui supersticioso, siempre consideré que la casuística matemática era la culpable
de todo, pues bastantes cosas, mucho más importantes, tiene la Divina
Providencia, para andar ocupándose de estas tonterías, pero, sí, fue el 13 y
martes, cuando por fin me comunicaron los resultados de la biopsia, y fueron
malos.
La
verdad es que lo único que se me vino a la mente fue: “se jodió la navegada
estival”.
Tenía
casi todo preparado para soltar amarras la primera quincena de Agosto, con mi
Río Cinca, parte de la familia, y cuatro barcos más de mí otra familia, la del
mar. Por eso, cuando mi amigo Manuel, nos comunicó que el 24 había regata en
Sant Carles, me agarré a esta mini navegada, como a un clavo ardiendo y en
previsión de unos cuantos días en dique seco, grité “ME APUNTO”.
El
Viernes 23, después de una cena de hermandad de la tripulación del Río Cinca, a
saber: el que os da la brasa, mi hijo Javier, su santa esposa y sus tres brotes
verdes entre dos y seis años, nos dispusimos a dormir a bordo, con todo listo
para soltar amarras a las 04:00 h. La más pequeña de la tripulación, sabedora
de los derechos que conlleva la edad, impuso su voluntad, “yo duermo con el
abuelo”, y sin mediar palabra se dirigió al camarote de proa, tomando posesión
del lado de babor de la cama.
No
voy a describir los encantos de Laura, pues soy su abuelo, y se me cae la baba,
pero, mal que le pese a Bibiana Aido, tiene un algo que la hace radicalmente
diferente a mis otros cuatro nietos, “es mujer”. Cualquiera de los otros tres
nietos mayores, hubieran comenzado por “abuelo ¿me cuentas un cuento de las
buenas noches?” y enseguida los que durmiesen en los otros camarotes “abuelo,
porfa, grita más que no te oigo”. Con Laura es distinto: “abuelo…..” yo de
momento no contesto, pero insiste; “abuelo….” no queda más remedio, contesto
“dime”; “abuelo, en el restaurante había un gatito, que estaba debajo de la
mesa…… y se comía mi comida……..”; al cuarto de hora sin haber parado ni para
tragar saliva, uno de sus hermanos grita “Laura, te quieres callar”; intervengo
“ahora vamos a dormir y mañana me lo sigues contando, un beso”; ella responde a
mi beso, se acurruca y afirma con un “vale”. Cinco minutos más tarde,
“abuelo….”; contesto “dime”; ella toma al pie de la letra el dime y prosigue
“abuelo, y… y… y… un pez estaba debajo del barco…..”; cinco minutos más tarde
uno de sus hermanos grita “LAURA”; intervengo de nuevo “duerme bonita, mañana
me lo cuentas”; “vale”. Cinco minutos más tarde, de nuevo “abuelo….”, ya no
respondo con el dime, no me atrevo, “mañana…., mañana me lo cuentas, ahora
duerme” le doy otro beso y le acaricio suavemente la espalda, al poco ya la
presiento dormida, y doy por terminadas las caricias, a dormir. Al momento,
siento que se aproxima y echando su brazo sobre mi, me devuelve las caricias…
casi se me saltan las lágrimas… Cuando finalmente dejó de acariciar y su
respirar delataba que estaba profundamente dormida, me separé de ella, pues la
inquietud de poder chafarla al estar dormido, no me dejaba conciliar el sueño.
Estaba
arrinconado en el costado de la cama, cuando de nuevo sentí su diminuto cuerpo
acercarse y volver a colocar su mano sobre mi pecho, ya no podía moverme, pensé
en desplazarla al otro lado de la cama, pero estaba tan a gusto en esta
situación, que decidí permanecer así, aunque no pudiese conciliar el sueño.
Eran
casi las 04:00 h cuando el tintineo de las drizas me despertó, el Río Cinca y
mi vecino el FREEDOM, no tintinean nunca, están bien trimados, pero cuando
sopla por encima de 15 nudos siempre se oye un tintineo, aunque tampoco es
desagradable si no es el tuyo propio, o uno muy cercano. Miré la hora y decidí
levantarme para soltar amarras. Comprobé el viento y efectivamente se movía
entre 10/15, máxima 21, Tramontana, hubiese preferido mistral, pues en la punta
del Delta rondará los 30 y la ola tiene menos recorrido y es más corta. Mi hijo
Javier al oírme salió, el resto dormían. Nos abrigamos y zarpamos sin pensarlo
mucho, en la misma bocana izamos velas, rizamos a tope y ciñendo a rabiar,
pusimos rumbo a la farola que da nombre a la localidad. La primer guardia iba a
ser la más dura y como nos suele pasar a los viejos, desconfiando del buen
hacer de los jóvenes, decidí que la haría yo, hasta las 07:00 h pues ya eran
casi las 4,30.
La
noche estaba oscura, pues aunque casi era luna llena, a estas horas estaba a
punto de ocultarse. En el faro del Fangal, el aparente ya llegaba a los treinta
y la mar ya estaba algo formada, por lo que decidí seguir los wpt de la
batimétrica de los seis metros. Al virar el faro, con el nuevo rumbo, el viento
entraba a un descuartelar y la mar por el través, el Río Cinca parecía un
crucero pero de la armada, no bajaba de 8 nudos, el bamboleo era bastante
considerable y algunas escoradas eran curiosas, pero todos dormían, solo Javier
asomó para ofrecer ayuda, seguro que no podría pegar ojo, pensando que el
cabezota de su padre, estaba ahí afuera solo, pero la verdad es que estaba
disfrutando como un niño, necesitaba algo así antes de entrar en dique seco, le
advertí que le llamaría en una hora, para la trasluchada en la punta del Delta,
pues con esta mar y este viento, deberíamos afinar mucho, para que los críos no
se hicieran daño, con un cambio de bordo violento.
Pensé
en la casuística matemática, cuando un palangre, igual que una ametralladora,
pasó golpeando los condeleros de estribor, no se veía nada y a esa velocidad,
era absurdo intentar estar atento, seguí en mis trece de que a vela y con
hélice plegada, un gallo en el peor de los casos, sería desviado por la orza y
no llegaría a tocar el timón, no conozco ningún velero que haya enganchado y
este es el paraíso del palangre, por lo que sin más inquietudes, seguí
disfrutando de la navegada.
En
la punta del Delta, tal y como esperaba, la cosa estaba brava, pero bajar con
vientos del cuarto cuadrante es infinitamente más cómodo que subir, y sabes que
el Delta te va a proteger. Subiendo es otra cosa, los 25 de aparente bajando,
son 35 subiendo y te quedan diez millas de pantocazos, escoradas, rociones y
orzadas que no se las recomiendo a nadie.
Seguí
los wpt mientras el aparente iba rolando de tramo en tramo y al entrar por la
aleta, Javier, sin necesidad de avisarle, asomó por el tambucho, señal
inequívoca, de que había estado sintiendo toda la navegada, desde la cama, sin
pegar ojo. La trasluchada salió delicada y perfecta, a veces pienso que en
regata, deberíamos quitar presión y las maniobras saldrían mejor y
probablemente se ganaría tiempo, decidí que la regata de Sant Carles sería una
buena ocasión para probar, pues pensaba participar con nietos y todo.
La
protección del Delta calmó las aguas y el aparente a un largo, hizo que el
resto de la navegada fuese una delicia. Uno de los habituales amaneceres del
Delta, que nada tienen que envidiar a los atardeceres de Ibiza, hizo que me
relajara y decidí ir a dormir, dejando a Javier al gobierno. Apenas eran las
nueve de la mañana, cuando pedíamos amarre en el C.N. Sant Carles, donde nos
estaban esperando, poco más de 4,5 horas de travesía, todo un record.
Manel,
patrón del Lluco, se había encargado de todo y teníamos reservado amarre junto
a su barco, incluso en capitanía estaban todos los datos del barco, por lo que
me limité a firmar una hoja de transeúnte, da gusto lo bien que me han acogido
siempre por el Sur, quizá ese sea el motivo, por el que me da tan poca pereza,
darle la vuelta al Delta.
El
fin de semana continuó con la regata, la cena y a dormir, había que volver a
Zaragoza pues el martes me ingresaban pero…. “Que me quiten lo bailao”.
27/07/2010,
José Manuel
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