sábado, 12 de noviembre de 2016

40 AÑOS JUNTOS

Uno ha llegado a esa edad en que comienza a pensar en el testamento, es decir…, en que la vida tiene un principio y un final, y no es que uno piense en que el final está próximo…, no…, todavía no…, pero si que ha vivido suficiente como para ir atando cabos.

Uno ha plantado varios árboles; ha tenido varios hijos, incluso varios nietos; pero lo del libro…, para mi han sido un almacén de conocimientos, donde aprender, o buscar soluciones a cuestiones técnicas, y creo que no van por ahí los tiros.

No pretendo escribir un libro…, no sabría…, pero…, “Pasa la vida”, y a su paso va dejando estelas de emociones que la van llenando, las amargas se olvidan pronto, y solo las dulces van quedando, pero nunca llega uno a acostumbrarse, y el paso de la vida, te hace cada vez más emotivo, no se si es este el motivo, pero cada día, me es más difícil, no derramar una lágrima en según que momentos. Esas emociones son el poso…, la esencia de la vida de cada cual, casi diría que el motivo de nuestra existencia, y me gustaría dejarlo como constancia de que yo así lo sentí, no se si eso es un testamento, pero necesito contarlo.

Estabas allí…, como siempre…, en tu cocina…, que era tu cuarto de estar…, donde igual hacías un dulce, que estudiabas inglés, que pegabas fotos en los álbumes, que...

Estabas allí…, con nuestros nietos…, contándoles tus historias inventadas. Daniel escuchaba, y en su rostro se dibujaba momento a momento, todas las emociones que tu historia le transmitía. Álvaro escuchaba, y en su rostro se dibujaba esa atención, de quien quiere captar todo lo que escucha, que no se le escape nada, esa tensión del perro de muestra ante la pieza, captando cualquier sensación sin mover ni un músculo.

Estabas allí…, con Antonio…, dándole de comer esa papilla de verduras, que ningún niño quiere comer, y que solo tú sabes hacer que les guste.

Estabas allí…, y esa imagen me produjo una sensación de plenitud…, de satisfacción…, de trabajo realizado…, de llagada a la meta…, y por un momento me quedé contemplando…, disfrutando…, con el gozo contemplativo del artista ante su obra recién acabada, y por un instante desfilaron por mi mente, como quien hojea un libro, todos esos momentos, que durante estos cuarenta años vividos juntos, nos han traído hasta aquí.

Recuerdo aquel día, con aquella media melena morena; con aquel vestido de talle ajustado, a rallas blancas, azules, y verdes; aquel bolso, casi canastilla azul y blanco. Habíamos pasado unos días separados, y volverte a ver… ¡que bonita estabas! fue como un arrebato de emociones, han pasado cuarenta años, y todavía se me eriza la piel, gracias por haberme acompañado, por lograr que la vida pase por mí, por haberla disfrutado a tu lado.

Te quiero, María José.


Zaragoza, 7 de Agosto de 2007

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