No es lo mismo una crónica, con la sangre
todavía hirviendo en las venas, que tras el reposo de una semana. Ahora se
entremezclan las vivencias, de estas cuatro metromares con nocturnidad y
alevosía, y os puedo asegurar que no hay regata como esta. Recuerdo momentos
intensos en esa “Calle de La Estafeta” que es el puerto de Mahón (regata
Menorca-San Juan) o aquel interior por la Banya en la Delta del año pasado,
pero nada tan intenso (III Metromar) como el peeling en la desembocadura del
Ebro, adelantando al Elías y con los nietos durmiendo en el camarote (os juro
que nunca volveré a arriesgar tanto).
Cualquier regata tiene la tensión de la
salida, pero inmediatamente se produce una dispersión de barcos, unos a babor,
otros a estribor, unos más rápidos y otros más lentos, y salvo puntuales
encuentros en las boyas, hasta que no se cruza la meta y se hacen números, no
sabes el resultado de la regata, pero en la Metromar…..
El plenilunio de Mayo iluminaba la noche, y
pintaba de plata las oscuras aguas, dando un encanto especial a las primeras
horas de regata, pero pronto descubrí que la luna, también en la mar es
traicionera, y que esa mayor luminosidad, distorsionaba las distancias, a las
que veía las luces de navegación de los barcos competidores.
En la primer encalmada, junto a un enorme
carguero fondeado frente a Alcanar, descubrí que la luz de popa del Elías II,
al que no había perdido de vista, estaba mucho más lejos de lo que imaginaba. Por
el contrario, a babor tenía muy cerca un barco que parecía mucho más lejos, y
la perfecta iluminación de la luna me descubrió que se trataba del Vértigo. A
estribor el contraluz de la luna, me impedía distinguir otro barco muy cercano,
menos de 50 m,
tan cerca que se podía escuchar su conversación y por el timbre de sus voces,
saber que se trataba del Alborada, incluso que debían haber dado ya buena
cuenta de sus acopios en la bodega. Poco después, la siempre encantadora voz de
Merche desde el Saboga, haciendo la rueda de reconocimiento, me lo corroboró
“no se enteraron de nada”, claro que tampoco el Laidac se enteró, en este caso
desconozco totalmente el motivo.
El viento comenzó de nuevo y la regata se
volvió a poner en marcha. Esta regata tiene un aliciente sobre las demás “el
corre que te pillo” los barcos más rápidos que salieron más tarde, deben dar
alcance a los más lentos que defenderán sus posiciones, sus derrotas son casi
las mismas, pues alejarse de costa implica hacer más millas y……
Amanece, empieza la diversión, la
incertidumbre de la noche se desvela, el Vertigo ha desaparecido, el Elías mantiene
la distancia, el Freedom….. ese puñetero Freedom ha acortado distancias, lo
tengo encima, se acabó la somnolencia, a trimar, durante casi una hora lucho
por mantener la distancia, pero no pudo ser, intenta pasarme por barlovento
¡hasta ahí podíamos llegar! por sota no tiene salero, una y otra vez, casi otra hora más de lucha, de
pronto asoma por el tambucho del Freedom el segundo de a bordo “Tomás”, tan
cerca estábamos que veo perfectamente su cara de somnolencia, se percata de la
situación y toma el mando del barco, lo veo dando tensión del backstay, dejo
que termine para no dar facilidades y cuando comienza a pasarme por barlovento,
doy por perdida la batalla (que no la guerra) y me abro para ganar velocidad,
estas casi dos horas de batalla han tenido sus frutos, ahora el Elías está más
cerca, y estamos llegando a la punta del Delta.
Hago un bordo para pasar cerca de la
desembocadura (nunca tanto como el año anterior) y en el cruce con el Freedom
ya me ha adelantado, el viento comienza a caer y consigo a duras penas pasar la
desembocadura, por fin encalmada total, prismáticos para controlar las
posiciones, dos barcos muy por delante hacia el Fangal, el Freedom algo
adelante y más a fuera es arrastrado por la corriente dirección la nuclear, Elías
y otro barco intentan aprovechar el viento rumbo norte, otro barco más muy
pegado a tierra a punto de llegar a la desembocadura, por detrás y algo más
lejos otros dos barcos.
El viento sigue sin hacer acto de
presencia, pero la corriente hace de las suyas, volvemos a pasar la
desembocadura, pero hacia a tras, algunos barcos anuncian su retirada. Por fin
los barcos que están por El Fangal comienzan a escorar, esperamos ansiosos y las
velas toman forma. Avanzamos y nuevamente cruzamos la desembocadura, ha rolado
a suroeste, izamos asimétrico, Freedom hace lo propio, el resto también excepto
Elías, quien con la majestuosidad de un pavo real abriendo su cola, despliega
su “huevo frito” aterrorizando a la flota, pasa al Freedom y se nos acerca amenazador.
Por suerte el viento refresca considerablemente y logramos 15 nudos de aparente
por el través, que nos hacen defendernos muy bien con el asimétrico, rumbo
directo al Fangal, y pese a seguir acortando distancia, empezamos a albergar la
esperanza, de llegar al faro antes que el Elías, y si lo logramos, esos 15º más
a proa del viento, harán muy complicado la navegación con SPI.
Han pasado 6 días y todavía me duele el
cuello de tanto mirar para atrás, llegamos al Fangal a la par que el Viluán,
mucho más abierto que nosotros, por lo que arrió el asimétrico y en una ceñida
rápida, nos adelantó sin dar opción. Nosotros mantuvimos el asimétrico sin
mayores complicaciones, con aparente entre 70º y 80º y 15 nudos, que nos hizo
volar hacia meta. Por detrás Elías mantenía el SPI con grandes dificultades, a
sabiendas que arriarlo le supondría perder la batalla, Freedom como suele ser
su costumbre, esperó hasta el último momento para pasar a Elías, en la misma
línea de meta, 30 sg le sacó después de doce horas “que mala leche tiene el
puñetero”.
Dos minutos y medio más tarde, entró el
Laura Senar ¿alguien ha visto más emoción en una regata de cruceros? cinco
barcos en siete minutos, después de doce horas de regata, y sabiendo que quien
meta primero la proa es el primero.
31/05/2010, Río Cinca
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