sábado, 12 de noviembre de 2016

EL TICIO

Este puente de Todos los Santos, fuimos a la playa con Javier, Susana y los tres petardos (apodo cariñoso de mis nietos), y hubo un hecho que me conmovió y quiero contaros.

Conforme nos vamos haciendo mayores, vamos teniendo el sueño ligero, así que una de estas noches, mientras casi todos dormían, a eso de las 06:00 h, oigo a Daniel y Álvaro, que comienzan la juerga, y antes de que la cosa vaya a más, y despierten a todos, me levanto, voy a su cuarto, y con voz de enfado les increpo.

“A callar y a dormir, no veis que es de noche todavía”

El cuarto estaba en una suave penumbra, apenas iluminado por la poca luz que entraba de la farola de la calle, los dos pequeños se acurrucan en sus camas, pegadas una a la otra, doy media vuelta para volver a mi cuarto, cuando uno de ellos dice.

“Abuelo que te dejo un ticio”

Retrocedo y con mi voz de enfado, les vuelvo a increpar.

“He dicho que a callar y a dormir, ¿Qué es eso de un ticio?”

Uno de ellos, se hace a un lado de la cama, y palpando la parte que ha dejado libre, repite.

“Men, men que te dejo un ticio”

Derrotado, me tumbé en aquel sitio, el otro pequeño me cogió el brazo para utilizarlo de almohada, y al poco rato ya les oía la rítmica respiración de quien está dormido.

Me sentía tan a gusto, que pensé.

“No sé si habré sido suficientemente bueno para ganar el cielo, pero Dios mío, que difícil lo vas a tener, para hacer que en el cielo sea más feliz que ahora”

Zaragoza, 11 de Noviembre de 2007
El Abuelo

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