sábado, 12 de noviembre de 2016

LA DE VUELTAS QUE DA EL MUNDO

Es imposible, que haya alguien en este país, que no se haya enterado de la noticia de los cursos de masturbación en Extremadura, y a uno… al borde de la tercera edad… le vienen a la memoria, aquellos felices años de la infancia, si… cuando yo era pequeño en Mediano.

Tendría yo unos siete años, edad en la que por aquel entonces, mediados de los años 50, se hacía la primera comunión. En aquel pequeño pueblo del Pirineo Aragonés, de poco más de 100 habitantes, era el Sr Cura, a quien todos llamábamos “Mosén” y que conocía la vida y misterios de cada uno de nosotros, quien nos preparaba para recibir los sacramentos, si… en plural, en mis tiempos la primera comunión consistía en la preparación para recibir dos sacramentos, la confesión (penitencia) y comunión (eucaristía).

La víspera de la “Primera Comunión”, se celebraba la “Primera Confesión”, acto que pasaba totalmente desapercibido, pero que a mi me marcó más que el día siguiente, del que apenas recuerdo el traje de marinero, y el lío con el misal, el rosario y repartir recordatorios. Pues bien, como decía, la víspera se procedía a la confesión, sacramento para el que el Mosén, nos había preparado convenientemente, y tras el consabido saludo de rigor “Ave María Purísima” y el repaso a los pecadillos: obedeces a tus padres; te portas bien; etc. aquel mosén me hace una pregunta no prevista ¿te tocas?, recuerdo que aquello me sonó, como cuando en la escuela, el maestro “Don Francisco”, te cogía con la lección sin estudiar, e intentabas salir del paso como podías. ¿Te tocas? jolín esto no me lo había estudiado, el Mosén… al igual que Don Francisco… viendo que no sabía que contestar, me ayudó… ¿te tocas la cola? ahora si que no sabía por donde me daba el aire, y para salir del paso respondí “si”, el Mosén respondió “reza tres padrenuestros, avemaría y gloria y ahora el yo pecador”.

Al salir, pregunté a mi hermano, más formal y estudioso que yo, con el que me llevo un año, y que también hacía la primera comunión:

¿Te ha preguntado si te tocabas la cola?

¿Qué le has dicho?

Con aire un poco de suficiencia, me respondió, “pues claro que sí ¿cómo haces pis si no?”

“Uuuuuffff menos mal, he acertado”.

A la semana siguiente (allí nos confesábamos todas las semanas) llevaba la lección bien aprendida, “Ave María Purísima” seguido de la retahíla, y finalicé muy resoluto con un “me he tocado”, el Mosén respondió “reza tres pa… etc.”

Así pasaron algunos años, hasta que ¡oh sorpresa! un día, por generación espontánea, y sin necesidad de ningún curso, descubrí que era aquello de ¿te tocas?

Pensé en el Domingo, años diciéndole a aquel mosén que me tocaba, y ahora se me hacía violentísimo, imposible pronunciar aquellas palabras, con lo sencillo que era repetir como una letanía, lo que durante años había repetido.

Pensé no pasar a confesar y comulgar, pero comprendí que aquello sería peor… mis padres… todo el pueblo se daría cuenta, allí había los que no oían misa nunca, los que oían misa pero solo comulgaban por Pascua, y los que comulgaban siempre. Pero esos grupos eran inamovibles, no se podía cambiar de grupo así como así, todo el mundo pensaría cual era el motivo, y dirían “se ha tocado”. Había que afrontar la realidad, era mejor que solo se enterase uno, el Mosén.

El Domingo me puse el último de la fila, pero la fila se fue acabando y al final llegó el momento, “Ave María Purísima” la retahíla consabida, pero al llegar a “me he tocado”, silencio absoluto, el puñetero mosén, no conforme preguntó ¿te tocas? pero lejos de amedrentarme, contesté casi gritando “NO”, creo que se dio perfecta cuenta de lo sucedido, nunca jamás me volvió a preguntar.

Me quedé muy tranquilo, bastante ventaja llevaba yo ¡Pues anda que no me podía hacer pajas, hasta que estuviésemos en paz!

Y ahora, 55 años después, en plena crisis económica, cuando ya nada es pecado y cuando ya casi no quedan curas, cuando todo el mundo sabe, que por hacerte pajas no se queda uno ciego, y que los granos de la cara, tampoco tienen nada que ver con masturbarse, ahora se le ocurre a un cretino mental, subvencionar unos cursos, para enseñar a la juventud a hacerse pajas, pero si hasta los perritos se lamen el cipotito sin que nadie les enseñe.

La de vueltas que da el mundo, hace años se pensaba que los niños de 7 años eran unos obsesos sexuales, y ahora… que los adolescentes son tan gilipollas, que hay que enseñarles a tocarse.

Vivir para ver, 15/06/2007, José Manuel

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