Es
imposible, que haya alguien en este país, que no se haya enterado de la noticia
de los cursos de masturbación en Extremadura, y a uno… al borde de la tercera
edad… le vienen a la memoria, aquellos felices años de la infancia, si… cuando
yo era pequeño en Mediano.
Tendría
yo unos siete años, edad en la que por aquel entonces, mediados de los años 50,
se hacía la primera comunión. En aquel pequeño pueblo del Pirineo Aragonés, de
poco más de 100 habitantes, era el Sr Cura, a quien todos llamábamos “Mosén” y
que conocía la vida y misterios de cada uno de nosotros, quien nos preparaba
para recibir los sacramentos, si… en plural, en mis tiempos la primera comunión
consistía en la preparación para recibir dos sacramentos, la confesión
(penitencia) y comunión (eucaristía).
La
víspera de la “Primera Comunión”, se celebraba la “Primera Confesión”, acto que
pasaba totalmente desapercibido, pero que a mi me marcó más que el día
siguiente, del que apenas recuerdo el traje de marinero, y el lío con el misal,
el rosario y repartir recordatorios. Pues bien, como decía, la víspera se
procedía a la confesión, sacramento para el que el Mosén, nos había preparado
convenientemente, y tras el consabido saludo de rigor “Ave María Purísima” y el
repaso a los pecadillos: obedeces a tus padres; te portas bien; etc. aquel
mosén me hace una pregunta no prevista ¿te tocas?,
recuerdo que aquello me sonó, como cuando en la escuela, el maestro “Don
Francisco”, te cogía con la lección sin estudiar, e intentabas salir del paso
como podías. ¿Te
tocas? jolín esto no me lo había estudiado, el Mosén… al igual que Don
Francisco… viendo que no sabía que contestar, me ayudó… ¿te tocas la cola? ahora
si que no sabía por donde me daba el aire, y para salir del paso respondí “si”,
el Mosén respondió “reza tres padrenuestros, avemaría y gloria y ahora el yo
pecador”.
Al
salir, pregunté a mi hermano, más formal y estudioso que yo, con el que me
llevo un año, y que también hacía la primera comunión:
¿Te
ha preguntado si te tocabas la cola?
¿Qué
le has dicho?
Con
aire un poco de suficiencia, me respondió, “pues claro que sí ¿cómo haces pis
si no?”
“Uuuuuffff
menos mal, he acertado”.
A
la semana siguiente (allí nos confesábamos todas las semanas) llevaba la
lección bien aprendida, “Ave María Purísima” seguido de la retahíla, y finalicé
muy resoluto con un “me he tocado”, el Mosén respondió “reza tres pa… etc.”
Así
pasaron algunos años, hasta que ¡oh sorpresa! un día, por generación
espontánea, y sin necesidad de ningún curso, descubrí que era aquello de ¿te tocas?
Pensé
en el Domingo, años diciéndole a aquel mosén que me tocaba, y ahora se me hacía
violentísimo, imposible pronunciar aquellas palabras, con lo sencillo que era
repetir como una letanía, lo que durante años había repetido.
Pensé
no pasar a confesar y comulgar, pero comprendí que aquello sería peor… mis
padres… todo el pueblo se daría cuenta, allí había los que no oían misa nunca,
los que oían misa pero solo comulgaban por Pascua, y los que comulgaban
siempre. Pero esos grupos eran inamovibles, no se podía cambiar de grupo así
como así, todo el mundo pensaría cual era el motivo, y dirían “se ha tocado”.
Había que afrontar la realidad, era mejor que solo se enterase uno, el Mosén.
El
Domingo me puse el último de la fila, pero la fila se fue acabando y al final
llegó el momento, “Ave María Purísima” la retahíla consabida, pero al llegar a
“me he tocado”, silencio absoluto, el puñetero mosén, no conforme preguntó ¿te tocas? pero
lejos de amedrentarme, contesté casi gritando “NO”, creo que
se dio perfecta cuenta de lo sucedido, nunca jamás me volvió a preguntar.
Me
quedé muy tranquilo, bastante ventaja llevaba yo ¡Pues anda que no me podía
hacer pajas, hasta que estuviésemos en paz!
Y
ahora, 55 años después, en plena crisis económica, cuando ya nada es pecado y
cuando ya casi no quedan curas, cuando todo el mundo sabe, que por hacerte
pajas no se queda uno ciego, y que los granos de la cara, tampoco tienen nada
que ver con masturbarse, ahora se le ocurre a un cretino mental, subvencionar
unos cursos, para enseñar a la juventud a hacerse pajas, pero si hasta los
perritos se lamen el cipotito sin que nadie les enseñe.
La
de vueltas que da el mundo, hace años se pensaba que los niños de 7 años eran
unos obsesos sexuales, y ahora… que los adolescentes son tan gilipollas, que
hay que enseñarles a tocarse.
Vivir
para ver, 15/06/2007, José Manuel
No hay comentarios:
Publicar un comentario