Tras
un año de descanso, obligado por las nuevas leyes de seguridad en regatas y
“romerías náuticas”, en la madrugada del 23 de Mayo, se celebró el III Trofeo
METROMAR, Regata Nocturna Benicarló-L’Ampolla.
Esta
regata tiene unas características que la hacen muy especial, la compensación de
los tiempos, se hace en tiempo sobre distancia, aplicando esta compensación en
la salida, de tal forma que en teoría la llegada debería ser todos juntos. Para
complicar la cosa, la salida del primer barco, es a las 02:00 h. con lo cual la
oscuridad, y la diferencia de casi hora y media, entre el primero y el último en
tomar la salida, hace imposible saber la situación de cada barco, y poder
marcarse unos a otros.
Una
animada cena con todas las tripulaciones, la mayoría viejos conocidos del Norte
y Sur del Delta, aunque también los había de mares más lejanos, dio paso a la
reunión de patrones.
Las
previsiones eran de poco viento, y las tácticas asumían dichas previsiones. Las
dos primeras horas hacían presagiar una regata lenta y tediosa, pero a partir
de esta hora se fueron formando tormentas, que hicieron que con roladas
continuas, el viento se mantuviese entre 10 y 15 nudos.
El
amanecer a la altura de la Banya, descubre los secretos de la noche, y con las
primeras luces, las tripulaciones se aprestan con sus prismáticos, a descubrir sus
posiciones respecto a la flota. Vemos por delante un solo barco, por detrás
varios aunque uno solo que nos inquiete. Como en un intento de saber quien es
quien, los tres barcos fuimos agrupándonos, y dando comienzo una lucha sin
cuartel, que no terminó de resolverse hasta virar la punta del Delta, unas tres
horas, en que el viento fue subiendo en intensidad hasta los 25 nudos, y los
cambios de bordo se apuraron hasta los 3 m. de calado. La punta del Delta es doblada
por el “Che que café” en primer lugar, aunque muy abierto, Elías II apura el
interior a tope, pero tiene que hacer un último bordo, nosotros conseguimos
pasar, aunque reconozco que apurando más de lo lógico, y sobrepasados de adrenalina…..,
el Gregal ya casi llegaba a los 30 nudos, y cualquier fallo, o rotura, nos
hubiese hecho varar irremediablemente, pero la competición es así, si te pasas
rompes, y si no llegas pierdes.
El
paso por la barra de la desembocadura del Ebro, lo hace en primer lugar el “Che
que café”, que perdió distancia en la virada, a un cuarto de milla el “Río
Cinca”, y pegado a la popa el “Elías II”, algo más lejos otra vela nos sigue,
pero no distinguimos de quien se trata, en la línea de llegada descubrimos que
se trataba del “Freedom”. Todo indica que si el viento no rola o cambia de
intensidad, ese será el orden de llegada en algo más de una hora. Media hora
más tarde, cuando todo parecía sentenciado, una voz femenina suena por el UHF,
"Comité
de regata aquí Saboga, ¿la línea de llegada es esa boya naranjita?"
Tras
una larga serie de improperios en contra del Saboga, asumimos que ya no
seríamos segundos, 5 horas después de amanecer, la noche todavía nos deparó
sorpresas.
Cruzada
la línea de meta, la tensión se relaja, la rivalidad cesa y la amistad vuelve a
surgir, felicitaciones y parabienes a los vencedores. Más tarde…. la cena de
fin de regata transcurre alegre y animada, fomentando la amistad entre las
tripulaciones, a los postres se realiza la entrega de trofeos, y uno tras otro
el Saboga recibe el premio al GANADOR ABSOLUTO, el premio al primer clasificado
asegurado en METROMAR, el premio al primer clasificado del CN. AMPOLLA. De
cinco trofeos se llevó los tres mejores, eso es un abuso ¿no? En la próxima me las
paga……, menudo amigo…..
27/05/2009,
Río Cinca
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